Merece la pena viajar a las maravillosas Islas Griegas donde la belleza y la diversión nunca terminan. En los cruceros los desplazamientos de una isla a otra se suelen realizar por las noches. El engorro de hacer y deshacer maletas, llevarlas de un lugar a otro, esperar en los mostradores de los hoteles…el crucero evita todos estos contratiempos, cuenta con camarotes sencillos o lujosos dependiendo del presupuesto de cada uno, restaurantes, bares, discotecas, casino, tiendas, piscinas, gimnasio y numerosas actividades. Una autentica ciudad flotante. El Mediterráneo es un mar cálido, tranquilo y placentero, en donde los grandes transatlánticos se deslizan con suavidad y el típico mareo de los pasajeros es inexistente. Para nosotros este crucero por el Egeo era una cosa novedosa y por lo tanto desconocida.
Saliendo desde el puerto del Pireo en Atenas vamos a recorrer los principales puntos de escala de este viaje inolvidable y hermoso.
MIKONOS: Es la isla preferida de los turistas de todas las nacionalidades. Sus playas, lujosos hoteles y vida nocturna la convierten en una de las más populares y refinada. El trazado de sus calles, estrechas y sinuosas tienen por objetivo el frenar los vientos y antiguamente protegerse de los piratas. En ella podemos recorrer sus callejuelas buscando al pelícano Petrus, mascota de la isla, llegar hasta la "pequeña Venecia" con sus balcones asomados al mar y sus maravillosas puestas de sol desde las terrazas de cualquier bar, situadas a apenas dos metros por encima del agua. Es un recuerdo que guardarás toda vida.
PATMOS: Religiosa por excelencia. Se la conoce como “La Jerusalén del Egeo” debido a la llegada de San Juan a la isla en el año 95 D.C., aquí escribió el Apocalipsis. Se puede visitar el Monasterio del siglo XI que atrae por igual a peregrinos que a turistas, Skála, su capital respira un aire elegante y refinado gracias a sus tiendas, su paseo marítimo y su vida social. Desde su puerto, zarpan barcas e hidrotaxis con destino a las principales playas de la isla.
RODAS: Rodas conocida como la isla de las rosas. Montañosa, pero con playas espectaculares. Por ella han pasado y dejado su personalidad, españoles, franceses, italianos, turcos y judíos. La capital Rodas, totalmente amurallada, es una autentica joya, con la iglesia de Santa María, la catedral de los Caballeros de Rodas, el Hospital de los Caballeros (un maravilloso edificio del siglo XV), cuya Gran Sala de los Enfermos es impresionante. Pasearemos por la calle de los Caballeros, anclada en la Edad Media, en ella se sitúan sus posadas, agrupadas por lenguas (hay una posada de Francia, una de Italia, una de España, etc.). En el barrio turco podemos visitar la Mezquita de Solimán el Magnífico…y en el barrio judío una fuente encantadora, con tres hipocampos de bronce, azulejos con ostras, cangrejos, pulpos y estrellas de mar. En el puerto podremos ver el lugar que albergó otra de las maravillas: el Coloso de Rodas. Ahora nos gustaría hablaros de un lugar dentro de la isla de Rodas: Lindos, un precioso pueblo de trazado medieval, con estrechas calles que impide la circulación de automóviles, pero sí de burros que hacen más llevadera la subida hacia la ciudadela, fortificada sucesivamente por los griegos, los romanos, los bizantinos y los turcos. Desde ella, las vistas de los pequeños puertos y las calas de aguas transparentes, son espectaculares.
CRETA: Su capital , Heraklión, fue un bastión veneciano durante la Edad Media que aún conserva numerosas fortificaciones, plazas y calles empedradas con edificios cuyos balcones miran al mar. La fortaleza veneciana que se conserva en perfecto estado resguardaba y protegía antiguamente la entrada del puerto ante los invasores. A seis kilómetros al sur de Heraklion se encuentran las ruinas del palacio de Knossos, descubierto, excavado y reconstruido parcialmente por el arqueólogo inglés Arthur Evans. Conserva salones, baños, estancias y la Villa de Ariadna. Exquisitos frescos adornan sus muros, como el del Joven de los Lirios. Aquí se ubicaba el famoso laberinto del Minotauro.
SANTORINI: Un tsunami provocado por la erupción de un volcán sumergido en el mar creó la actual Santorini. Según nos acercamos a la isla vemos Fira, un pueblo colgado en un acantilado a trescientos metros sobre el nivel del mar, es casi un espejismo. El encalado de sus casas ilumina toda la parte alta de la isla. A medida que el barco se va acercando, el pueblo parece estar más alto y nos damos cuenta que los pequeños salientes del acantilado están aprovechados para construir casas, balcones y terrazas. No existe puerto, sólo un pequeño embarcadero dónde los grandes barcos no puede atracar y nos trasladaremos a tierra en lanchas. Y ahí, surge la pregunta: ¿Como subir al pueblo que vimos desde la lejanía? Existen tres posibilidades: subiendo 580 escalones, a lomo de un burro, o en teleférico. Uno de los grandes atractivos que posee Santorini aparte de sus vistas panorámicas, es pasear por el sinuoso trazado de sus calles de baldosas con pintura blanca imitando un mosaico bizantino.
Desde Santorini regresaremos al puerto del Pireo en Atenas, después de realizar este crucero de cinco esplendidos días y cuatro tranquilas noches de navegación.